La leyenda del mausoleo de Daniel: un relato histórico sobre el respeto y la veneración. A orillas del Siyab, un afluente del Zerafshan, se encuentra un lugar sagrado impregnado de bendiciones. Aquí,
A lo largo del Siyab, un afluente del Zeravshan, se extiende un lugar sagrado colmado de bendiciones. Aquí, según cuenta la leyenda, descansan los restos de Daniel, una de las grandes figuras proféticas del Antiguo Testamento.
Una versión alternativa sugiere que se trata de la tumba de Doniyar (Daniel), compañero del predicador árabe Qusam ibn Abbas. Independientemente de la versión, todas las opiniones coinciden en que Doniyar es venerado como un santo reverenciado por los fieles de las tres grandes religiones monoteístas.
Se cree que el espíritu del santo que aquí descansa vela por la ciudad de Samarcanda trayendo prosperidad y bienestar. Los devotos acuden en masa al mausoleo para orar e implorar ayuda divina, rindiendo un homenaje especial al manantial sagrado que brota a los pies del santuario.
Según una venerable tradición, en el mausoleo de Samarcanda descansan los restos del profeta Daniel, traídos hasta aquí por el mismísimo Amir Timur. Cuenta la leyenda que el Gran Tamerlán emprendió una campaña hacia Asia Menor conquistando casi todas las ciudades a su paso, pero se vio frenado ante la pequeña ciudad de Susa, en Persia. Esta presentó una resistencia sin precedentes, plantando cara al ejército aparentemente invencible.
Al preguntar por qué no lograba tomar la ciudad, su maestro espiritual le explicó que Susa estaba protegida por el espíritu de Daniel, el profeta bíblico del Antiguo Testamento. Ante esto, Timur puso fin al asedio y pidió ser conducido a la tumba del santo. Tras permanecer un tiempo en recogimiento junto a las reliquias, convenció a los guardianes de trasladarlas a Samarcanda, adonde partieron a la mañana siguiente con una caravana.
Según otra leyenda, cuando la caravana llegó a Samarcanda, los camellos se detuvieron de improviso en un paraje que recordaba asombrosamente a Susa y se negaron a avanzar. A pesar de todos los esfuerzos de los camelleros, los animales no se movieron del sitio. Por ello, se decidió dar sepultura a los sagrados restos en ese preciso lugar y erigir un mausoleo en su memoria.
Otra versión histórica apunta a que el mausoleo alberga los restos del profeta Tabba. Esta narración se recoge en la «Pequeña Qandiya» y procede del jeque Joja Abdu-Darun de Samarcanda, quien relata: «El profeta de Alá cruzó el río Jayhun (Amu Daria) y llegó a Samarcanda. Era un hábil adivino y se ganó el más profundo respeto de los lugareños. Aquí se estableció y aquí partió de este mundo. En árabe fue llamado Tabba Nabi (el profeta Tabba). El Profeta dijo: 'Yo, Mahoma, hijo de Abdullah, he hallado la perfección del conocimiento del mundo oculto en su tumba'. Todo aquel que desee escuchar la revelación debe servir en el mazar del Profeta cada viernes después de la oración comunitaria».
Existe aún otra leyenda que sostiene que el mausoleo cobija los restos de Daniel, compañero de Qusam ibn Abbas. Esta versión la consigna el historiador árabe Abu-Tahir Joja a finales del siglo XIX en su obra «Samaría». Explica que muchos confunden a Daniel con el justo varón árabe Joja Daniel, quien llegó a Samarcanda junto con Qusam ibn Abbas, primo del profeta Mahoma, para difundir la fe islámica. Según esta crónica, Joja Daniel gozaba de una veneración y estima excepcional entre los habitantes de Samarcanda.